OPOSICIÓN DE LAS TÍAS DE PANCHO SIERRA
OPOSICIÓN DE LAS TÍAS DE PANCHO SIERRA
Fue propicia la oportunidad cuando Pancho Sierra realizó un nuevo viaje a Buenos Aires motivado por asuntos de trabajo; en aquella época eran viajes de varios meses.
Nemesia, como siempre, prometió escribirle para alentarlo y desearle suerte.
Sucedió que a los pocos días de la partida de Pancho Sierra sus tías fueron decididamente a hablar con Nemesia.
En ese momento la muchacha estaba ayudando a apilar una parva cuando vio acercarse a las tías, que con duro gesto pidieron hablar a solas con ella. Un funesto presentimiento llenó el corazón de la pobre muchacha.
Entraron en el enorme comedor de la estancia y Mercedes, la tía mayor, le dijo a Nemesia que dentro de una semana vendrían a buscarla para cuidar por algunos días a una señora enferma que era allegada a la familia y que vivía en Córdoba.
Luego, como queriendo darle un "consejo" y acariciándola le dijo:" Nemesia, querida, este viaje te hará muy bien...tú sabes que nunca podrás llegar a nada con nuestro sobrino, debes pensar que él necesita una mujer de su condición social; mira cuántas muchachas que son hijas de estancieros lo pretenden; a veces el amor también impone sacrificios y tú eres muy joven y el tiempo borra todo. Comprende todo esto, querida, y verás que cada cosa debe ir a su lugar".
La pobre muchacha, con los ojos llenos de lágrimas, agachó la cabeza comprendiendo que aquel viaje era la excusa para alejarla de su amado, pero también comprendía que ya nada podía hacer, aunque en el fondo de su corazón pensaba que aquella sería una prueba para los dos.
"Si él me quiere de verdad, irá a buscarme y de esa forma lucharemos contra todo por nuetra felicidad."
Así pensaba la humilde Nemesia mientras se preparaba para el largo viaje hacia Córdoba. Pero también pensaba que su salud no era muy buena pues más de una vez le atacaba un fuerte asma y su corazón estaba algo débil, razón por la cual internamente se sentía disminuída frente a su amado Pancho, que era un hombre vital. inteligente y dotado de una extraordinaria energía.
Sin poseer la inteligencia de Pancho Sierra, la joven Nemesia poseía una intuición poco común; aparte, ya había conocido el dolor desde muy pequeña, al perder a sus padres; pues su madre había muerto al dar a luz y su padre aplastado por un caballo.
Por eso se había hecho amiga de su propio dolor y sabía comprender perfectamente y acatar lo que el destino tiene reservado para todo ser humano, y era tan grande su amor por Pancho Sierra que estaba dispuesta a sacrificarse entregando todo en las nanos de Dios.
Tal vez aquella humilde muchacha intuía que Dios le tenía deparada a Pancho una misión muy grande aquí en la tierra y que ella sería el instrumento para que el Gaucho Santo, el Gaucho de Dios, comenzara esa grandiosa misión para el bien de la humanidad.
Dios Todopoderoso nos tiene deparado a cada uno la misión en este planeta Tierra y sobre todo a los espíritus que Dios envía para acercar a las ovejas al redil del Señor , y Pancho Sierra fue uno de ellos.
LOS ULTIMOS DÍAS DE NEMESIA EN LA ESTANCIA
Aquellos últimos días de Nemesia en la estancia "El Porvenir" los pasó recorriendo los lugares donde muchas veces a escondidas se encontraba con Pancho y con gran tristeza presentía que tal vez aquel alejamiento sería definitivo.
Así fue que varios días después llegó una diligencia a la estancia y descendió de ella una elegante señora que venía buscar a Nemesia para llevarla a Córdoba.
El motivo era tomar a la muchacha como dama de compañía para la dueña de una chacra que se hallaba en la entrada de un poblado paraje llamado Huinca.
A los dos días la pobre Nemesia, con un atadito de ropa en sus manos, partía con aquella señora, diciéndole adios para siempre a Pergamino. Cuando el carruaje comenzaba a alejarse de la estancia "El Porvenir" las lágrimas brotaban en los ojos de Nemesia porque presentía que ya nunca más volvería a ver a su amado Pancho Sierra, al que ni siquiera había tenido tiempo de mandarle un recado.
Luego de dos meses Pancho regresó a Pergamino muy contento, porque había recorrido Buenos Aires habiendo podido concretar importantes negocios, pero ansioso por volver a ver a Nemesia, de la cual se extrañaba que no había tenido noticia.
Aquellos meses de ausencia abrieron más aún el surco del amor que aquel joven sentia por aquella dulce , tierna y hermosa muchacha.
EL AMANECER DE PANCHO SIERRA
Al otro día de su regreso se levantó casi al alba y su sorpresa no tuvo límites cuando le dijeron que Nemesia se había marchado. Una angustia oprimió su corazón.¿Podía ser cierto que aquella tierna y dulce muchacha lo había abandonado?
Sus tías trataban de eludir cualquier respuesta, diciéndole que había ido sin saber a qué rumbo pero que lo único que sabían es que iba a trabajar de dama de compañía en la casa de una familia muy rica.
El joven estaba desesperado y no alcanzaba a comprender qué motivos habían impulsado a su amada para alejarse de esa forma repentina sin darle ninguna explicación; además no podía negar que dentro de su ser sentía una gran desilusión de sólo pensar que Nemesia lo había defraudado.
Una criadita enviada de Dios
Un día, al verlo tan preocupado y triste, una criadita de la estancia, con mucho temor le dijo toda verdad y le rogó que guardara la más absoluta reserva, pero que Nemesia la habían llevado para trabajar a un pueblito de Córdoba llamado Huinca y que estos eran los únicos informes que le podía facilitar.
Pancho Sierra va en busca de su amor
Al otro día, y sin pensarlo más, y pese a la oposición de su familia y a los obstáculos que tendría que atravesar en ese largo viaje, Pancho Sierra salió en busca de su amada Nemesia. Recién en ese momento sus tías comprendiron el error que habían cometido buscando siempre el bien para aquel sobrino tan querido, pero aquí llega el momento de comprender, mis queridos hermanos, que Dios ya tenia deparado para Pancho Sierra el comienzo de su larga misión, pues este extraordinario hombre venía para cumplir una obra muy grande en la tierra, la obra de reclutar almas para el redil de Dios.
Corria el año 1861 y aquel hombre joven iba en busca de la mujer que verdaderamente llenaba su corazón, del verdadero y único amor de toda su vida.
Aquellos viajes en diligencia eran verdaderamente agotadores, y por que no decirlo, muy arriesgados también, pero en el corazón de Pancho Sierra la ansiedad y la esperanza del reencuentro con su amada le hacían acortar las distancias.
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